Biografía
Georges Méliès nació el 8 de diciembre
de 1861 en el boulevard Saint-Martin de París. Su padre era un conocido
empresario del calzado parisino. Desde pequeño mostró interés y habilidad en el
dibujo. Sus padres le enviaron a Londres para aprender inglés, donde
cambió su vida, pues conoció al célebre ilusionista Maskelyne durante sus
representaciones de magia en el Egyptian Hall.
Más tarde regresó a París, y a pesar de
sus intenciones de ingresar en la Escuela de Bellas Artes, fue obligado
por su familia a participar en el negocio del calzado. Se encargó de la
reparación y el perfeccionamiento tecnológico de esta industria, aprendió
a reparar máquinas y mejoró sus habilidades mecánicas, algo que le fue muy
útil en el futuro. Cuando su padre se retiró del negocio, Méliès se negó a
continuar con el mismo, utilizando su parte de la herencia paterna y la dote de
su esposa, para comprar en 1888 el teatro Robert Houdin, del que era asiduo
visitante, en donde ejercitaba sus habilidades como ilusionista.
En 1888 compró el teatro Robert Houdin con parte de la herencia paterna y con la
dote de su esposa, Eugénie Génin. Siempre había profesado una gran admiración
por Houdin, al que conoció en persona. En el teatro Robert Houdin dio rienda
suelta a su desbordante imaginación. Cada noche preparaba espectáculos de ilusionismo
que hacía soñar a grandes y pequeños. Los trucos de magia, la mayoría creados
por él, y las actuaciones teatrales las alternaba con proyecciones de linterna
mágica y de sombras chinescas. En 1895 era ya un prestidigitador de reconocido
prestigio. Mientras tanto, combinó sus labores de director del teatro con
las de reportero y dibujante en el periódico satírico La Griffe, donde un primo
suyo era redactor jefe.
El 28 de diciembre de 1895 Méliès, dio
un nuevo giro a su vida cuando asistió invitado por los Lumière a la primera
representación del Cinematógrafo. Méliès quedó impresionado y su inagotable
mente le dio inmediatamente ideas. Sin perder tiempo, al acabar la función
se dirigió al padre de Louis y Auguste y le preguntó por el precio del aparato.
Antoine Lumière, con poca visión comercial, le dijo que aquel invento tenía
pocas posibilidades de ser un éxito. «Esta invención no tiene futuro», le dijo.
Ante la negativa, acabó comprando el
aparato de otro inventor, Robert William Paul, y en abril de 1896 empezó a
realizar proyecciones en su teatro. Su deseo por crear sus propias películas le
llevó a transformar el artilugio de Paul en una cámara con la que rodó su
primer filme Partida de naipes. El 5 de abril de 1896 proyectó las
primeras películas en su teatro Robert Houdin; eran pequeñas escenas al aire
libre, documentales similares a las de los hermanos Lumière. Su estilo
evolucionó rápidamente buscando crear películas parecidas a sus espectáculos de
ilusionismo.
Construyó unos estudios en los
alrededores de París y se volcó en la producción y dirección de películas.
Entre 1899 y 1912 realizó cerca de cuatrocientos filmes, en su mayoría comedias
de tono burlesco y desenfadado, entre las que destacan Cleopatra (1899), Cristo
andando sobre las aguas (1899), El hombre de la cabeza de goma (1901),
la célebre Viaje a la Luna (1902), El viaje a través
de lo imposible (1904) y Hamlet (1908)
Méliès intentó distribuir
comercialmente Viaje a la Luna en Estados Unidos. Técnicos que
trabajaban para Thomas Alva Edison lograron hacer copias de la película y las
distribuyeron por toda Norteamérica. A pesar de que fue un éxito, Méliès nunca
recibió dinero por su explotación. El monopolio de la industria cinematográfica
(Edison en Estados Unidos y Pathé en Francia), junto con la llegada de la
Primera Guerra Mundial, afectaron a su negocio, que fue declinando sin
remedio. La producción masiva de Pathé y Gaumont complicó la competencia.
El cineasta empezó a compartir cartel con Ferdinand Zecca, Louis Feuillade, el
español Segundo de Chomón o David W. Griffith en Estados Unidos. Y por mucho
que Pathé le ayudara en la producción de sus últimos trabajos, la taquilla no
hizo su parte.
Para subsistir, Méliès se vio obligado
a trabajar para Pathé y Edison. Firmó un contrato en el que se comprometía a
proporcionar 300 metros de película semanales a este último, lo que le forzaba
a trabajar a marchas forzadas. Como se demostraría al poco tiempo, Méliès no
estaba hecho para la producción en cadena. Al contrario que los Pathé o los
Edison, él no producía películas como si fuesen churros. Para colmo de males,
las obras que realizaba para Pathé sufrían amputaciones por parte de Ferdinand
Zecca, el operador con más autoridad dentro de la productora y del que se
rumoreaba sentía una gran envidia por Méliès. Empero, Zecca tiene el honor de
ser el primero en filmar una película dramática: Historia de un crimen,
una fórmula que trataría de imitar el genio parisino sin demasiado éxito
tomando como argumento sucesos de actualidad como el caso Dreyfus.
En 1913 se retiró de todo contacto con
el cine, tras arruinarse, obligado a vender sus propiedades, su estudio o sus
muchos autómatas, e incluso que, en un ataque de desesperación, con una
cerilla, destruyera una colección de 500 negativos.
De 1915 a 1923, Méliès montó numerosos
espectáculos en uno de sus dos estudios cinematográficos transformado en
teatro. En 1923, acosado por las deudas, tuvo que vender propiedades y
abandonar Montreuil. Muy a su pesar, Méliès dijo adiós al cine, pero siguió
empeñado en continuar en el mundo del espectáculo, que era lo que le insuflaba
vida. Montó una pequeña compañía de teatro junto con su yerno y su hija, pero
fracasó una vez más. En 1925, cuando contaba sesenta y cuatro años, se casó en
segundas nupcias con Jeanne D’Alcy, su musa, la actriz a la que hacía
desaparecer en Escamoteo de una dama y a la que luego
convertía en esqueleto. Casi no tenían donde caerse muertos, pero ella acababa
de heredar un quiosco de juguetes en la Estación de Montparnasse. Era un buen
lugar donde sentar la cabeza después de una vida de lucha y sacrificio.
En la tienda de juguetes fue reconocido
por Léon Druhot, director de Ciné-Journal, que lo rescató del
olvido. Aquel encuentro casual supuso su redescubrimiento, que se culminó
en la gala Méliès, celebrada en 1929 en la sala Pleyel, donde pudieron
proyectarse ocho de sus películas, milagrosamente recuperadas.
Desde 1925 su obra fue redescubierta
por la vanguardia cinematográfica francesa, especialmente por los surrealistas,
que reivindicaron su figura hasta el punto de que Méliès fue reconocido con la
Legión de Honor en 1931 por toda su trayectoria.
Al cabo de tres años se retiró con
Jehanne d’Alcy —su esposa desde 1925— y su nieta. Murió en París el 21 de enero
de 1938 en el hospital Léopold Bellan. Sus restos descansan en el cementerio de
Père-Lachaise. En su lápida puede leerse: «Georges Méliès: creador del
espectáculo cinematográfico.

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